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Amparo López

Comentario al libro de Daniel Pennac

 

Daniel Pennac. Como una novela 

 Pennac  considera que la lectura, ante todo es un derecho y no una imposición “Hay que leer” (un deber),  que la necesidad de leer como tal no es una dogma sino que debe ser el propio lector quien haciendo uso de su libertad, y de sus derechos (a no leer, a saltarse las páginas, a no terminar un libro, a releer, a leer cualquier cosa,…) decida.

A mi juicio, el autor concibe  las dificultades de aprendizaje a partir de factores extrínsecos al individuo.   Estas se refirieren a  problemas en el proceso de instrucción debidos a la influencia de los contextos socio-familiar y escolar. . En este argumento no cita los problemas de procesamiento de la información (atención, percepción, memoria, razonamiento). Es más,  considera que cada niño va a su ritmo y que este no es uniforme por tanto, ¿Para qué compararle con los demás?, ¿Cuál es el sentido de establecer medidas estándar respecto a un grupo?,  cuando, en el proceso de aprender a  leer existirán tanto regestiones como aceleraciones.

Señala que desde la escuela a los niños les imponemos lo que tiene que leer, que el aprendizaje de la lectura se limita a trasmitir técnicas, al deber  y no a potenciar la lectura por placer. Buscamos rápidamente una producción, y exigimos al niño esfuerzo, eficacia, eficiencia, en definitiva rendimiento. Les  inculcamos saberes cuando deberíamos ofrecer lo que sabemos. De esta manera el placer de leer se convierte en el esfuerzo de leer. Así los adolescentes se aburren con la lectura, en palabras del propio Pennac “El placer de leer se ha extraviado”. ¿Cómo recuperarlo?   

Pennac sugiere que los adultos deberíamos centrarnos en mantener  el entusiasmo de los adolescentes en lugar de preocuparnos por su competencia. Utilizando una metáfora del autor, “dejar de ser contables para volver a ser cuentistas”.No debemos permitir que algo gratuito como es el placer de leer, se convierta en una dura tarea que requiera premios y recompensas.   

Tenemos que dejar a un lado nuestra  excesiva preocupación porque desde el principio todo se entienda, esto supone dejar de lado las absurdas preguntas de comprensión escrita cada diez renglones de texto leído tan presentes ahora en las prácticas escolares.   

Pareciera que el niño es incapaz de entender un texto si antes no ha respondido adecuadamente al cuadernillo de preguntas repetitivas que más que acerca del sentido de lo leído, se convierten en preguntas sobre detalles memorísticos intranscendentes en la historia.  

Y por si esto fuera poco, les ponemos la etiqueta:- “tiene dificultades de comprensión lectora”. Les hacemos que se crean incapaces, tontos,  en definitiva les aterrorizamos en lugar de estimular su curiosidad e imaginación, de  permitir que ellos mismos descubran y experimenten, esto es, de dejar un espacio al auto aprendizaje. 

Si tal y como proponen Garton A; y Pratt, C  [1] en “Para asegurar la comprensión eficaz el lector debe aprender a interactuar con el texto”, ¿Por qué la enseñanza de la lectura en la escuela que se inicia en voz alta, acaba convirtiéndose en una práctica silenciosa? ,  ¿Por qué estamos tan preocupados por acelerar el proceso de aprender a leer que incluso por ley se recoge como prescriptivo para la etapa de educación infantil? , ¿Por qué si como docentes queremos que los niños lean seguimos imponiendo las lecturas que éstos han de hacer? ¿Por qué no fomentamos los intereses de los chavales en lugar de imponerles los nuestros? 

Como profesores y futuros psicopedagogos, deberíamos dejar a un lado la producción rápida, el rendimiento, la eficacia y la eficiencia. Así lo refleja Albert Camús en  “El primer hombre”:

 En la clase del señor Bernard, por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En las otras clases les enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso, les presentaban un alimento ya preparado rogándole que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del señor Germain, sentían por primera vez que existían y eran objeto de la más alta consideración: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo”

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[1] Garton, A; y Pratt, C ( 1991) Aprendizaje y proceso de alfabetización .El desarrollo del lenguaje hablado y escrito .Barcelona: Paidós.[1]   

 

4 comentarios

ALEJANDRO -

Según el antropólogo Joan Carles Mélich, lo característico de la civilización occidental contemporánea no es tanto una crisis de valores como un sentimiento de "orfandad", debido a la debilidad y crisis de lo sagrado en nuestra sociedad. Esta orfandad da lugar a una visión desencantada del mundo, y tal y como plantea Mélich: "el desencantamiento es el modo de ser típico del hombre moderno, la ausencia del encanto, de la magia, de lo nocturno, de lo misterioso, de lo simbólico. Dicho desencantamiento tiene su origen cuando en occidente se empieza a abandonar el símbolo, adoptándose en su lugar el concepto, la lógica y el signo, como forma única y exclusiva de conocimiento y de orientación en el mundo". No obstante, no es posible vivir en un mundo desencantado, carente de valores, de ahí que los nuevos que han aparecido son los valores representativos de la técnica: la eficacia, la eficiencia, la rapidez, el progreso, el control,la evaluación y la utilidad.
Toda civilización y cultura ha tenido técnicas, pero la tecnología es un invento occidental cuando se presenta a sí misma como la única y legítima forma de reacionalidad, y cuando selecciona un valor, la utilidad, y lo monopoliza convirtiéndolo en el más importante.




Bueno, para seguir haciendo conexiones. ¿Dónde vamos con estos valores?

Gracias por la cita de Camus.

Un saludo
Alejandro

ALEJANDRO -

ALEJANDRO -

Hola de nuevo, a ver si aparece el resto del texto ahora.



ALEJANDRO -

Hola Amparo

Me acabo de cargar todo el comentario que te acababa de hacer. En fin, qué le voy a hacer.

Ya he leído varias veces tu comentario, y cada vez me gusta más. Sobre todo porque se nota que parte de tu experiencia profesional. Refleja muy bien los valores del mundo que vivimos. Y claro, lo que valoras es lo que al final se produce. Y los niños son muy hábiles a la hora de captar qué se está valorando (forma parte del curriculum oculto de esta sociedad, y de la escuela, que forma parte de ella).

En un texto sobre rituales (que tampoco están muy de moda) aludía a un antropólogo que justamente escribía sobre estas cosas. A ver qué te parece: